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martes, 25 de octubre de 2011

EDURNE PASABAN - CATORCE VECES OCHO MIL

Hace unos dias me compré este libro



Y antes de nada decir que me ha encantado, cuando me quise dar cuenta estaba acabando de leerlo.

Casi al final del libro, cuando detalla el asalto a su penúltimo ocho mil, el Annapurna, se pone a explicar algo que me chocó mucho, y llegé a pensar como esta gente pasa por alto unos detalles tan importantes. Bueno, aqui os lo dejo.



Despúes de aquellos días de trabajo duro y satisfactorio decidimos bajar al campo 2 y posteriormente al campo base, a fin de descansar unos días antes del ataque final a la cumbre.
Todo estaba yendo estupendamente, mejor de lo que habíamos previsto. Para todos...salvo para Ferran.
Y fue culpa, en cierto modo, de aquel buen tiempo que estaba haciendo, ya que, durante el descenso esquiando que había previsto dede el campo 2, al irse derritiendo la nieve la superficie era más irregular y su esquí quedó trabado en un bloque de hielo y provocó su caída.

Aunque otras veces había viajado un médico con nosotros, lo habia hecho en mayor medida en calidad de alpinista, en esta ocasión para escalar el Annapurna, nos habíamos hecho con los servicios de un especialista en medicina deportiva, para ejercer de médico en el campo base, simplemente.
Fue él quien inspecció la pierna de Ferran y le diagnosticó una rotura de ligamento de la rodilla, que lo inhabilitaba para aquella ascensión.
...
La presencia del doctor Pablo Díaz Munío influyó en el resultado final de las dos ascensiones del año 2010. No me cabe ninguna duda, y lástima es que hayamos tenido que esperar al final del desafio 14 ochomiles para darnos cuenta de ello, pero me parece muy claro que las perspectivas de la expedición cambian mucho con o sin un médico como él, y que hemos ganado en muchos aspectos. Su función no se limitaba a curarnos cuando nos accidentábamos o darnos cuatro pastillas para el refriado. Pablo estaba allí sobre todo para inculcarnos y para hacer un seguimiento de una serie de buenas prácticas que, en realidad, deberían estar más generalizadas entre los alpinistas.

Lo primero que hizo fue suprimirnos las palomitas que consumíamos muy a menudo cuando veíamos alguna película en el campo base. Nos fastidió al principio pero tenía toda la razón, el alpinista necesita estar perfectamente hidratado, y las palomitas contienen mucha sal y trastocan el equilibrio y las necesidades de agua del organismo.
Otra institución sagrada en los campos base son las cocacolas y las cervezas...pues también las suprimió. Yo pensaba: pero ¿como nos va a quitar eso?. El cocinero nepalí tampoco lo entendía, y me escondía una para mí en uno de los vasos del comedor que son opacos. Y es que al principio no estaba yo muy concienciada del porqué de las prohibiciones de Pablo.

Y es que los alpinistas, se mueven en esta línea algo ambigua entre lo que es un deporte y lo que no lo es, nunca se habían preocupado por su dieta o su manteniemiento fisico diario, cada cual funcionaba a su manera.

Pablo nos obligaba a caminar una hora todos los dias por el campo base para mantener el cuerpo activo pero descansado. Yo ya lo hacia siempre antes pero de una manera sistematica, no por nada.
Tambien nos hacia estirar los músculos, cogíamos las estirillas y nos pasabamos un buen rato estirando.

Uno de sus caballos de batalla era la hidratación y continuamente nos andaba machacando. En el campo base cada uno tenia que tener a mano la botella con agua y una solucion isotónica. Y ahora me parece que no puede ser de otro modo, pero hasta entonces nunca. Bebiamos al comer y listos. Pablo nos hizo ver que la hidratacion constante era básica.

Nos controlaba en el campo base el pulso, la temperatura, la tensión, saturación de oxígeno...

Me di cuenta que hasta esta expedición, yo siempre había bajado al límite, a punto de terminar la gasolina, por decirlo así, hasta niveles muy peligrosos, como en el año anterior en el Kangchenjunga. Pero desde esta expedición del 2010 bajé de cada una de las 2 cumbres sobrada de fuerzas. Y, como yo, todos los demás. La presencia del médico sumó mucho, muchísimo.
Nos acabó de convertir en un equipo de verdad.

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